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La travesía I

  Bienvenido a bordo.

  Prepárese para disfrutar de esta travesía que vamos a llevar a cabo a través de los mares y de los tiempos, en la cual circunnavegaremos el globo tantas veces como esta vieja chalupa lo permita.

  Deténgase a contemplar los bellos paisajes que ante su vista se alzarán, como si hubieran sido colocados para su disfrute, por el mismo Poseidón.

  Relájese con la suave brisa del mar mientras degusta un sabroso aunque incierto brebaje de las tierras vírgenes de allende los mares.

  ¡Pero cómo! ¿Es un atisbo de duda lo que veo reflejar en el brillo de sus ojos? ¿Un comienzo de sonrisa desdeñosa en la comisura de sus labios?

  Sin duda ha observado usted que mi buque no alcanza más de tres metros de eslora, que el palo mayor no es más que un viejo remo atado con una cuerda a la popa, e incrustado en un agujero que haría aguas de no haber sido tapado, y que la bandera que cuelga de él no es más que un pañuelo de bolsillo.

  ¡Pero compruebe la calidad de la tela! Mire más allá. El remo que con tanto desdén miraba hace un momento con el rabillo del ojo, ¿no es el mismo que condujo a Ulises hacia su aventura en ultramar?

  Haremos nuestro viaje y llegaremos a buen puerto, aunque verá cómo, apenas haya estirado un poco las piernas, mi paquebote estará pronto a zarpar de nuevo.

  Cortaremos las olas. ¡Si, si, las cortaremos! No me mire así. Y si no las cortamos pasaremos sobre ellas con la facilidad con la que lo haría un barco de papel.

  La ola que hunda al más grande y orgulloso de los buques no será para nosotros sino una suave pendiente. No sentiremos miedo cuando miremos al abismo, pues sabemos que nuestra ruta está marcada, y esta es inexorable.

  Seremos en el profundo océano como aquel islote de origen volcánico que el hombre jamás hollará. Pasaremos inadvertidos.

  No comprará usted en los puertos donde atraquemos, la prensa, para comprobar con deleite que nuestras hazañas son reflejadas en ningún sitio, pero, anímese. ¿Acaso no será nuestra experiencia lo único importante de toda esta aventura. Y si descubrimos especies sin catalogar aún por el hombre, no será suficiente la experiencia de haberlas contemplado antes que nadie?

  ¡Pero vamos! No hay momento ya para dudas. Suba a bordo, pues la travesía va a comenzar.

  ¿Un momento, dónde va con esa maleta tan grande? ¿No ve que tan sólo uno de los dos tendrá sitio en mi buque, la maleta o usted? Déjela, déjela en el muelle y no sufra por si a nuestro regreso no está.

  Levemos anclas y aspiremos la suave brisa que viene de mar adentro…

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